- Arturo Coloma, gerente de CEACOP, destaca el «notable» esfuerzo de construcción de Emvisesa, la empresa municipal de vivienda de Sevilla, pero dice que hay una parte de la población que no podrá comprar nunca un piso de 240.000 euros y pide «un plan estable» para poder hacer también viviendas más asequibles
El ingeniero leonés Arturo Coloma es ingeniero de caminos y ha sido directivo de Dragados y Construcciones y consejero delegado de DETEA antes de acceder en 2023 a la gerencia del Círculo de Empresas Andaluzas de Construcción y Obra Pública (CEACOP), organización que defiende a las pequeñas y medianas empresas del sector y que acaba de cumplir 30 años de vida. Coloma, experto en el diseño de grandes infraestructuras, fue jefe de producción del proyecto que puso en pie el puente del Alamillo, uno de los que se hicieron en Sevilla con motivo de la Exposición Universal de 1992. En esta entrevista destaca la labor de Emvisesa y califica de «palabrería» las promesas en materia de viviendas de Pedro Sánchez y su Gobierno a lo largo de la legislatura.
-La primera preocupación de los españoles es la carestía de la vivienda, tanto en propiedad como en alquiler. ¿Qué habría que hacer para combatir esta carestía?
-Que volviera a ser considerada una prioridad. Las infraestructuras dejaron de ser consideradas así, estratégicas, a partir de 2008-2009. Desde entonces sólo hemos puesto parches. Y con la vivienda ha pasado igual, que no ha sido considerada prioritaria.
-Emvisesa, la empresa municipal de vivienda de Sevilla, está construyendo bastantes viviendas en la capital.
-Sí, hay sitios donde sí que se ha hecho un esfuerzo y lo que está haciendo Emvisesa es notable y brillante no sólo nivel no solo a nivel andaluz sino a nivel nacional. Pero eso no soluciona el problema del déficit de 150.000 viviendas anuales, que se suma cada año a esa cifra general de 600.000 viviendas que nos harían falta. España está aumentando de manera muy significativa la población por la inmigración.
-¿Cómo se puede solucionar ese déficit en un tiempo razonable?
-Nosotros somos empresas constructoras y algunas de nuestras empresas también se dedican a la promoción. Se pueden construir todas esas viviendas si se cuenta con la iniciativa privada. Para las clases menos pudientes se pueden hacer viviendas que las podrá promocionar el sector público o el sector privado y para ello se necesitarán suelo, agilidad administrativa y financiación. Y hay que buscar fórmulas para que ese 20 por ciento inicial que los jóvenes no pueden ahorrar no sea un problema para acceder a una vivienda.
-¿Cuánto suele tardar el trámite para poder empezar a construir una promoción de viviendas?
-Unos tres años. Y con ese plazo se da el caso de que el cliente inicial ya no exista o que no puedas cumplir el precio ofertado. La burocracia y la falta de visión estratégica son un freno. Y habrá un tipo de viviendas que no podrá hacer la iniciativa privada porque no salen las cuentas. Hace falta una decisión valiente que no la ha adoptado ninguno de los grandes partidos del país. Hay que poner dinero y no se pone.
-En tiempos de Franco se hicieron miles de viviendas que permitieron tener un hogar a muchas personas con pocos recursos. ¿Por qué no se pueden hacer ahora?
-Ciertamente hay otras épocas en las que el Estado consideraba estratégico hacer viviendas. La gente tiene que vivir en algún sitio y las viviendas se pueden hacer. Hay sectores de la población que no van a poder pagar una vivienda en régimen libre por lo que tiene que haber soluciones para ellos, ya sea en alquiler o en propiedad.
-En Ibiza las enfermeras están rechazando contratos de trabajo que les ofrecen porque no pueden alquilar una vivienda allí a un precio razonable. Y no es el único lugar de España.
-Sí. Hay que buscar fórmulas para no permitir que esto ocurra. Y debería ser la prioridad para los poderes públicos. Si se va a instalar cualquier industria, la gente que vaya a trabajar allí debe tener algún sitio donde pueda vivir. Si necesito mil trabajadores, no voy a poner una fábrica en un sitio donde no haya haya viviendas para todos ellos.
–Otro problema es la pérdida de trabajadores en el sector de la construcción. ¿Cuántos albañiles hacen falta para poder construir esos miles de viviendas que necesitamos?
-La construcción requiere una dotación estable, tanto en mantenimiento como infraestructura. Parte de los problemas del sector se deben a los grandes altibajos que ha tenido. La actual falta de mano de obra se debe a que se rompió la cadena tras la época en la que se llegó a tener una inversión de más de diez puntos del PIB, cuando se construían más de 600.000 viviendas al año. Luego esa inversión cayó por debajo del 4 por ciento del PIB y hubo años en que no se hicieron más de 20.000 viviendas. Al parar prácticamente a cero, toda la cadena laboral se rompió. Los encargados mayores y los albañiles tenían a sus hijos y la gente huyó del sector de la construcción. Unos cuantos se fueron del país porque necesitaban seguir trabajando y otros se fueron a otros sectores laborales. Si tú ahora te planteas dedicarte a algo y tienes la percepción de que en ese sector tendrás trabajo hoy pero mañana no, pues eliges otro sector más estable. Antes de la crisis, a cualquier empresa contratista de albañilería le merecía la pena tener diez cuadrillas porque iba a tener trabajo constante. Ahora no porque no hay certezas. Todos los sectores tienen oscilaciones pero una cosa es una variación estacional en el trabajo y otra cosa es que lo primero que se tuerce en España es el sector de la construcción.
-¿Cuántos albañiles pueden hacer falta para mantener ese ritmo ideal de construcción?
-Las últimas cifras para Andalucía son de 100.000 trabajadores que hacen falta en el sector. Antes en las grandes obras, yo estaba viendo a los padres y a los hijos, incluso a los amigos de los hijos. Y los encofradores venían con medio pueblo y terminaban una obra y se iban a otra. Yo tenía a gente de Sanlúcar o de Lebrija y los tenía tanto en Córdoba como después en Cádiz o en Huelva. Y esa cadena se rompió. Ahora se dedican a otra cosa. Va a costar trabajo recomponerlo, pero ante todo necesitamos estabilidad. Creo que España se pueden hacer 200.000 viviendas al año. Hace falta un plan del Ministerio y a partir de ahí los constructores nos organizamos rápidamente y las hacemos. El sector español de la construcción no tiene que demostrarle a nadie, somos pioneros en el mundo y hacemos las las cosas mejor que nadie. Tanto los ingenieros como los constructores, los proyectistas, si nos ponen un plan. las hacemos. Sabemos comprar donde hay que comprar y organizar las cadenas y formar a la gente que haya que formar. Pero hace falta un plan serio, creíble y estable.
-Se han prometido más de un millón de viviendas desde que accedió Pedro Sánchez al Gobierno.
-Sí. Y no se han hecho. De haberse hecho todas las viviendas prometidas por el Gobierno actual, tendríamos un sector boyante. Todo ha sido palabrería, si fuera de verdad tendríamos hechas 200.000 viviendas. La gente ya se ha cansado de las palabras. Como dije antes, en Sevilla se han hecho pisos para la clase media a precios entre 230.000 y 300.000 euros. Pero es que hay personas que no van a poder comprar nunca una de 100.000 euros y sólo van a poder pagar 150 euros al mes. Y también hay que bajar el nivel porque no se puede sorber y soplar a la vez. No todas pueden tener parqué, aire acondicionado o 100 metros cuadrados o ser super eficientes energéticamente. Hay personas que tendrán que vivir en casas de 45 metros cuadrados y con un pequeño aparato de aire acondicionado para el verano. Esto es difícil de decir y por eso no se dice. Eso es una realidad y es mejor eso que no tener nada, como ahora. Hoy tienen que vivir tres personas de 50 años en un piso pagando 500 euros cada uno.
-¿Hacen falta casas baratas, como en la época de Franco?
-Sí, pero eso no es compatible con el mensaje de la vivienda digna, ecorresistente o todas esas palabras que hay ahora. Lo que no puede ser es no tener nada, como ahora.
–El 31 de diciembre de este año se terminarán los fondos europeos Next Generation. ¿Qué efectos tendrá en el sector?
– Estamos muy preocupados con eso porque disminuirá la inversión pública aún más.
-¿Se les podía haber sacado más partido a esos fondos?
-Seguro. No es que no se hayan aprovechado, pero sí. Cuando veamos el balance final, lo podremos decir. Yo creo que de los 140.000 millones de los que se hablaba inicialmente, no habremos llegado a los 80.000 millones. Y su uso ha recaído muy directamente en la administración pública, o sea, lo que se ha utilizado ha ido a parar Adif, por ejemplo, ha ido a las infraestructuras de una forma muy directa, no tanto al sector privado. De los cien más importantes, el setenta por ciento de los destinatarios han sido públicos. Y del 30 por ciento privados casi todos ligados a grandes corporaciones y a las energías renovables.
- ABC

