CEACOP, compromiso social

A través de esta sección, queremos compartir la presencia de CEACOP en el entorno productivo y social en el que trabajamos, el compromiso tanto nuestro como de nuestras empresas asociadas a través de sus propias experiencias y vivencias.


>>> El alma de un ingeniero en Perú

La emigración masiva de ingenieros y técnicos españoles es una de las consecuencias más dolorosas que nos ha traído la actual crisis económica, aunque también da pie a ejemplos de la calidad humana de muchos de nuestros profesionales, de una talla incalculable, como el que enorgullezco de contar en este relato.

Como decía, la dura realidad económica que azota a España en los últimos años, está teniendo secuelas negativas extraordinarias en sectores como el de las infraestructuras, cuyos niveles de inversión han caído drásticamente. Entre los efectos palpables de este desplome, está la emigración masiva de trabajadores de la obra civil con un magnífico nivel de formación hacia países de economía emergente que demandan la creación de todo tipo de infraestructuras para no estrangular su crecimiento.

Uno de esos países es Perú, y uno de esos ingenieros se llama Manuel Bosques.

Natural de Linares y granadino de corazón, Manuel Bosques se trasladó a Lima hace unos años, donde, junto a Daniel Yáñez y otros desplazados, crearon un grupo ,medio gastronómico  medio de autoayuda,  en torno al restaurante  “La eñe”, también de propietarios españoles, afincados allí hace años.

Este restaurante es un lugar frecuentado por compatriotas en busca de buena gastronomía y tapas, y de compañía e información con toque de añoranza. Por tanto, es un punto de encuentro que suele dar lugar a tertulias e historias de todas esas almas aventureras una de las cuales me llegó a mi propia alma:

Me contaba Manuel, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos  como yo, una de esas historias reales y cercanas que te hacen ver lo mejor del ser humano.

Por entonces, Manuel se encontraba desplazado a una remota aldea, San Gaban, en la región de Puno, junto con la empresa española donde trabaja con el fin de construir túneles en unas condiciones de altitud (4.850 metros) y soledad que le obligan a permanecer interminables semanas prácticamente aislado con la única compañía de los trabajadores de la obra y los escasos habitantes de la aldea, entre los que se encuentran unos pocos niños, humildes, vivaces, de espíritu puro.

Para dos de estos niños, Josue y Eduard, la labor de Manuel es sorprendente: planificar el trabajo y proyectar cómo hacer unos agujeros en la tierra que atraviesen la montaña ¡y todo ello sin que se derrumbe y sabiendo de antemano por donde va a resultar la salida!

Manuel en sus ratos libres, ha inculcado a estos niños el amor por su trabajo: la ingeniería. El ingeniero Manuel tiene largas horas para acordarse de sus propios  pequeños en la lejana España, por lo que no le es difícil trasladar ese amor de padre a los chavalines que le esperan eternas horas en el escalón del barracón que le sirve de oficina.

No solo la distancia geográfica aleja a estos niños de los españoles, hay algunas diferencias más. Mientras que los críos en España cazan renacuajos, en Perú los pequeños le sorprenden día a día:

“¡Ingeniero Manuel!  ¡Mire lo que cazamos para usted!” –le gritan alegremente mientras con la sonrisa infantil y sus ojos vivaces, le muestran una “pequeña boa constrictor “ de cinco metros a lo largo de sus pequeños hombros.

El ingeniero Manuel  lo tiene claro: esos niños se merecen una oportunidad y tras regalarles dos cascos blancos casi más grandes que ellos, les hace ver cada día que tienen, como futuros ingenieros, una responsabilidad de la que depende toda la obra, todos los obreros; de hecho, todo el poblado: tienen  que dibujar la montaña y las entradas de los túneles. ¡Todo el mundo está esperando!

Y con los pequeños ojos como pequeños  platos, Josue y Eduard se ponen manos a la obra. Con toda su inocencia, su tremenda inteligencia y la responsabilidad que en ellos ha descargado el ingeniero Manuel ponen todos sus sentidos en dibujar lo que ha de ser la obra: unos túneles que mejorarán la vida a todos sus mayores.

Estos túneles facilitarán la vida a sus papás, sus amigos y hermanos. Todos podrán dejar de pasar penurias para ir a través de la selva y gracias a su trabajo.

Lo han decidido: ellos quieren ser ingenieros. Como el ingeniero Manuel, que cada vez que los mira, se derrite de risa y orgullo por lo que está transmitiendo, al margen de resultados, cálculos, empresas, márgenes, plazos... ¡Qué mejor plazo que el que se gana para que estos críos tengan una ilusión, una oportunidad!  Y algún día se lo contará a sus propios hijos, en la vieja y lejana España en la que, a pesar de la crisis, la vida es … diferente; simplemente diferente.

La última vez que me despedí de este grupo de españoles, en “La ñ”, en Lima, solo pedí  a Manuel  Bosques, tras emocionarme y escuchar las anécdotas de sus dos jóvenes amigos, que me enviara esos dibujos, esas caras, esos sueños. Aquello está muy lejos (como de aquí a Lima) pero yo desde entonces siento más cercana la ilusión de que esos y otros pequeños tengan una oportunidad.

Daniel, Manuel y su grupo -La cofradía- que tanto han ayudado a tantos otros españoles recién llegados a aquel distante y magnífico país, el Perú, con su orientación, con sus consejos, ahora ponen en marcha una iniciativa para pagar su deuda con este país rico en voluntades. Han decidido organizar en “La ñ” una colecta, entre socios que han tenido que irse en busca de un futuro (quién lo iba a decir hace unos años) que sueñan con regresar algún día y que, mientras tanto, están dejando una huella indeleble de humanidad.

Sí. Esa colecta será sin duda un éxito para la humilde escuela de San Gaban, para que Josue y Eduard sean ingenieros -como  su héroe el ingeniero Manuel- y  sus compañeros médicos, arquitectos, economistas… ¿Por qué no?  Pues claro que sí. Todo es cuestión de voluntades.

Fdo. Miguel Angel Almagro Fernández. Otro ingeniero “que tal baila..”


>>> ¡Eso tuyo tiene mucho futuro!

Cuando allá por los años 70, tras terminar mis estudios de ingeniería industrial, empecé a trabajar en la depuración de las aguas residuales, muchas personas me preguntaban qué era eso tan raro a que yo me dedicaba, con cuestiones tales como: ¿Es que las aguas no van a los ríos a través de las tuberías de saneamiento? ¿Para qué sirven las depuradoras?
Y no siempre era fácil hacerles comprender que la capacidad de autodepuración de los cauces es limitada, que cuanto más se desarrolla una población más alta es la cantidad de contaminación que vierte a los ríos, etc. etc.
Desde aquellos tiempos hasta la actualidad, la frase más repetida a lo largo de mis 40 años dedicados profesionalmente al tratamiento de las aguas, ha sido: ¡Eso tuyo tiene mucho futuro! Y la verdad es que lo tenía entonces, lo tiene ahora y lo va a seguir teniendo. ¿Por qué?
Hablemos de España. Hace 40 años no se había construido casi ninguna depuradora y las primeras fueron generalmente aquéllas realizadas por promotores privados de urbanizaciones, especialmente donde éstas abundaban: en las costas, sobre todo mediterráneas, las más desarrolladas desde el punto de vista turístico.
Después se empezaron a construir las depuradoras de poblaciones, empezando normalmente por las de mayor tamaño, aunque no se ejecutasen en primera fase tratamientos completos sino únicamente pretratamientos y tratamientos primarios.
En esta primera época de que hablamos, las depuradoras se hacían “para cumplir” y evitar sanciones de la Administración competente, sin que existiese por parte de casi nadie, incluidos los propios ayuntamientos, responsables de su mantenimiento y explotación, una clara voluntad de que funcionasen.
Los años han pasado y afortunadamente hace ya algunos en que los ciudadanos nos hemos ido preocupando cada vez más del medio ambiente y consecuentemente, del saneamiento de las ciudades y de la depuración de sus vertidos.
También las industrias, en algunos casos, pocos, por convencimiento y en los más por temor a las sanciones, han ido tratando sus efluentes de la mejor y más económica manera posible, en base a las tecnologías disponibles en cada momento para cada tipo de industria.
La incorporación de España a la Unión Europea y la trasposición de sus directivas en cuanto a características de los tratamientos necesarios en función del tamaño de la población y del cauce receptor de las aguas depuradas, supuso un gran paso adelante. Aunque España vaya bastante retrasada en cuanto a fechas de cumplimiento, yo opino que más por falta de gestión que por falta de fondos para afrontar las actuaciones, dentro de pocos años, tantos menos cuanto antes consigamos salir de la crisis que padecemos desde 2007, España cumplirá las normas actuales de vertido y Europa se estará planteando el cumplimiento de unas normas futuras, las cuales serán progresivamente más exigentes si queremos que nuestros descendientes hereden un mundo medioambientalmente habitable.
Siendo éste un artículo de opinión para Ceacop, asociación de empresas andaluzas de consultoría y de construcción de obras públicas, debo hablar de dichas empresas andaluzas ya que ellas, como las del resto de España dedicadas a la ingeniería, construcción y explotación de obras de saneamiento y de depuración de aguas residuales, han tenido que salir obligatoriamente al extranjero para intentar sobrevivir debido a la ausencia de inversión en España para acometer estas obras.
El extranjero, en general, es difícil para todos desde cualquier punto de vista, especialmente si se sale de España en situación de extrema necesidad de conseguir trabajos. El saneamiento y la depuración no son una excepción aunque hay que decir que la tecnología y la experiencia de las empresas españolas en este sector se lo ponen algo más fácil que a otros sectores de actividad.
Pero lo importante, siempre lo más importante, es no desfallecer y mirar al futuro con realismo optimista (permítaseme esta expresión) pues la crisis pasará, esperemos que pronto, las inversiones en España empezarán a crecer año a año en el futuro y el medio ambiente y la depuración volverán a ofrecer “su trozo de tarta” a las empresas andaluzas y españolas de este sector.
Mientras tanto tendremos que seguir intentando trabajar en el extranjero, sobre todo en aquellos países menos desarrollados que el nuestro donde las necesidades de nuestros servicios son superiores a las de España.
Pensemos que el prometedor futuro de la abundancia de trabajo está cada día más cerca y que cuando éste llegue a España, nuestras empresas habrán salido fortalecidas de la crisis.

Fdo. Enrique Fernández Heredia. Ingeniero Industrial / Directivo


>>> Daños colaterales

De todos es sabida la devastación que la crisis de los últimos años ha producido en nuestro sector, con masiva desaparición de empresas, algunas recientes, otras históricas y todas ellas arrastrando tras de sí todo su contenido: personas, experiencia, ilusiones.
Son ese otro aspecto que está produciendo la falta reiterada de inversión. Aún a día de hoy, cuando “dicen” que algo se está moviendo, habrá empresas que mueran en la orilla. La persistencia de este problema, año tras año, además del deterioro de infraestructuras faltas de conservación, está creando otros problemas que en su día nos saldrán caros.
Aquellos jóvenes que comenzaban ilusionados sus carreras técnicas hace cinco años, se ven en un mercado yermo, lleno de indigentes profesionales en el que es muy difícil ubicarse y empezar a adquirir experiencia. Otros, que rondaban los 50, ya se ven con 55 en plena madurez profesional, con difícil ubicación futura o trasladando toda su vida a estas alturas a algún país lejano en el que de algún modo tienen que empezar de nuevo, dejando atrás familia y entorno o desarraigándolos de toda su vida a edades difíciles de reencajar.
Pero no me refiero solo a ingenieros y técnicos en general. Estamos perdiendo a esos otros “técnicos sin título”: encargados, capataces; gente con oficio que en las últimas décadas se han ganado fama de genios en las obras; que formaban a los más jóvenes para tomar el relevo en el futuro. Ellos están desapareciendo sin tener a quien formar; unos se han reconvertido a otros oficios; otros languidecen al sol de la desesperación viéndose cumplir años, y otros pocos se ven desplazados al extranjero para emplear y formar, lo más rápido posible para ahorrar costes, a gentes de otras culturas que tienen por delante ingente cantidad de infraestructuras que construir en sus países. Otras gentes, otras normas, otros idiomas que a ciertas edades ya son difíciles de aprender, salvo en lo más básico, por pura supervivencia.
¿Os acordáis cuantas bañeras podíamos adelantar en un trayecto de Almería a Sevilla, por ejemplo? Yo ahora, cuando me encuentro alguna, me coloco detrás y voy observándola un ratito. (Me refiero a las bañeras). Pocas máquinas se renuevan; muchas se han malvendido en países cercanos, otras se han trasladado para no tenerlas paradas aquí. El otro día me contaba un compañero la dificultad que había tenido para reunir unos pocos camiones de ciertas características para una prueba de carga. No me lo puedo creer -le contesté-, pero resultó ser cierto pues se pierden las licencias, tarjetas, no pasan revisiones, etc.
Las empresas de materiales de construcción, las que quedan, ya no innovan. No merece la pena sacar nuevos productos, salvo honrosas excepciones. Se limitan a sacar los más comunes, los más vendidos y no tener stocks inservibles pudriéndose al sol.
Y así con todo: qué os digo de las ingenierías, que a tanto talento empleaban. O maquinistas como los de extraviales, bulldozer, nivelistas; gente que no solo debe saber manejar las máquinas sino sacarles rendimiento y mantenerlas adecuadamente. Eso solo se adquiere con experiencia, con continuidad. Están desapareciendo y si no, que se lo pregunten a los dueños de los barecillos de nuestros pueblos, donde iban a tomarse unas copas con el dinero de las horas extras (el resto era para la familia) transmitiendo su alegría a voces y contando a todos “lo finos” que eran con sus máquinas.
Son todas esas historias que desaparecen de nuestro paisaje diario convirtiéndose en dramas personales, unas veces visibles y otras escondidas tras la solidaridad de las familias que, por ser como somos, menos mal, funcionan.
Pienso, no obstante, que pronto algunos se darán cuenta de lo que este sector representa, de lo necesario que es y de la economía de escala que genera para bien de todos.
Espero que para entonces las empresas mantengan algún que otro certificado para la clasificación; que quede algún que otro encargado con empuje y ganas de formar a sus cuadrillas. Que algunos funcionarios de la Administración a quienes conozco, puedan dormir tranquilos por fin sin sentirse culpables por no poder destinar fondos a actuaciones que saben imprescindibles para evitar accidentes, porque no han dotado mínimamente a sus consejerías, ministerios, direcciones generales o servicios provinciales. Eso espero por el bien de todos y todas, más pronto que tarde si es posible.
Yo a nuestro sector le aplicaría aquella frase de : “ni calvo, ni con tres pelucas”. ¿No os parece?

Fdo. Miguel Ángel Almagro Fernández. Directivo


>>> Es el momento de planificar

Después de divulgar que la inversión (con cabeza) en obra pública es una medida para salir de la crisis, después de alertar que la paralización de las obras está ocasionando la pérdida de cientos de millones de euros de los fondos europeos, después de denunciar que no se están efectuando las obras de depuración necesarias para finalizarlas antes de 2015; no queda más que admitir que los ajustes presupuestarios comenzaron a recortar en inversión pública, “donde había más”, porque era un modo rápido y fácil de adelgazar los presupuestos y, muy a nuestro pesar, se ha seguido en la misma línea.
Sin embargo, un país no puede frenar o cuasi paralizar su avance en obra pública por motivos económicos, ya que las infraestructuras son la base sobre la cual se produce la prestación de servicios para el desarrollo de fines económicos, políticos, sociales, ambientales y personales.
Así que canalicemos las inversiones desde otra perspectiva, desde la planificación: estudios iniciales, estudios específicos, anteproyectos y proyectos básicos para que cuando el semáforo se ponga en verde no nos quedemos atrás.
Los objetivos de Andalucía son claros: revisión del PISTA, aprobación del Plan Director del Uso de la Bicicleta, integración de la Red Logística de Andalucía, continuidad con el plan MASCERCA, planes especiales de Gestión de Sequía, planes de gestión del riesgo de inundación, actuaciones de depuración… entre otros.
Pero un Plan General o Director no puede finalizar en sí mismo, no debe quedar en una mera declaración de intenciones. Los planes hay que ejecutarlos.
Y sólo cuando se desarrollen los estudios, anteproyectos o proyectos básicos del Plan se estará en la línea de alcanzar los objetivos que propone. Esto requiere que:
- Sean redactados por profesionales independientes
- Queden justificadas las soluciones adoptadas mediante análisis y descarte de alternativas
- Se adapten a la legislación vigente, no entrando en contradicciones con otros Planes, leyes o normas existentes
Y lo más importante, que las propuestas, soluciones o programas:
- Estén valoradas ECONÓMICAMENTE
- Estén consensuadas con los principales actores interesados
Si estos dos últimos puntos no se llevan a cabo, los planes están abocados al fracaso, bien por problemas presupuestarios, bien por cambios en los órganos de decisión.
El hecho de que hoy haya proyectos guardados en los cajones es consecuencia directa de la escasez presupuestaria. Pero en un gran número de casos, la causa raíz de su paralización es que realmente no fueran prioritarios ni incluso necesarios porque no atendieron a una planificación certera.
Que estos errores no nos acomplejen, sino todo lo contrario, si no son prioritarios, que no se ejecuten, pero que en ningún caso sirvan de excusa para no invertir en proyectos necesarios.
Planificar es una tarea ardua y lenta, que ha de pasar por numerosos procesos burocráticos (Medio Ambiente, Cultura, información pública...), por lo que se requieren varios años de tramitación. Sin embargo, invertir en planificación cuesta muy poco, del orden del 3-6% del valor de la construcción, y ofrece mucho.
Únicamente un Plan ambicioso, innovador, de necesidades, verá la luz con la puesta en funcionamiento de sus infraestructuras cuando se hayan trabajado todos los pasos correctamente. El primero de ellos es el desarrollo de los estudios asociados y anteproyectos que justifiquen realmente su viabilidad.
Por todo esto, sin duda, ahora es el momento de planificar.

Fdo. Marta Beatriz Zarzo Varela. Vicedecana de la Demarcación de Andalucía, Ceuta y Melilla del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos